Uno nunca tiene claro nada. Y a mi modo de ver, a medida que pasan los años, menos. Menos mal que cuantos más años se van cumpliento, tiene menor importancia. Si algo he aprendido con el paso del tiempo, es que la inteligencia consiste en saber elegir entre cambiar el medio, cuando se puede cambiar, o adaptarse cuando es invariable. Tengo ya 45 años y me han pasado muchas cosas en mi vida. Malas y buenas. Comienzo a comprender que la felicidad no es una meta, sino un estado, que tiene mucho que ver con el grado de satisfacción que uno tiene con uno mismo. Y mucho que ver también con saber ponderar, en mayor medida, las cosas positivas que las cosas negativas de la vida. Ambas existen todos los días por igual. Depende de en cual de ellas pongamos el foco. Mi hija Carla, aunque con sólo 7 años, me enseña cada día más y más. El mero hecho de su sonrisa, su propia existencia o sus 'abrazos a papito'. Mi pequeño huerto de rúcula y espinacas. Mi pomelo y mi naranjo. Mi afición al golf y al inglés. Mis amigos, pocos y muy diversos, pero todos me aportan cosas magníficas. Todo eso reconforta y satisface.Por prudencia verbal, no podría afirmar que soy feliz, pero sí que estoy satisfecho y conforme con estas cosas y con mi vida en general. Un placer...

2 comentarios:
Qué chulo encontrar un blog que- cómo no- comienza con una sonrisa y un guiño a la felicidad. Todo un acierto. Creo q tienes mucha razón y q está bien tu "prudencia verbal", para mí la felicidad es esa lista de cosas pequeñas que debería apuntar cada día en la pizarra de la cocina o con un imán sobre la nevera: una copa de vino blanco, la piel tirante después de tomar el sol, plantar albahaca y que se multiplique dormir ocho horas, los besos de mi sobrino...esa ingravidez que se escribe en presente contínuo.
Mucha suerte Carlos en este viaje. Espero seguir leyéndote durante mucho tiempo.
Un abrazo,
eva
Gracias Eva por tu ánimo. En parte eres la gran culpable/causante/responsable de esta decisión de iniciar mi blog. Cada día va tomando más fuerza, al punto de haberse convertido, como sabes, en el preámbulo de lo que pretendo sea un libro. Impresiona, pero saltaremos. A ver dónde caemos... Un beso.
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